González Villa: “Las guerras de secesión yugoslavas fueron una representación de las contradicciones del nuevo orden mundial norteamericano

12 abr 2016

El Investigador visitante en el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá y miembro del Grupo de Investigación en Historia Actual de la Universidad Autónoma de Barcelona, Carlos González Villa,  ofrece el día 13 de abril, a las 19.00 horas, la tercera de las conferencias programadas en el marco de la IX edición del Curso de Historia de las Relaciones Internacionales, que se desarrolla en la Casa Museo León y Castillo de Telde bajo el título ‘Europa Oriental tras el fin de la Guerra Fría’.  González Villa ha titulado su intervención ‘Las guerras de secesión yugoslavas y sus implicaciones’.

Villa, actualmente miembro de la dirección de Tiempo Devorado. Revista de Historia Actual, se ha especializado en las líneas de investigación alrededor de las tendencias transversales en la extrema derecha europea o la política exterior de Estados Unidos hacia Yugoslavia. Investigador en la Universidad Complutense de Madrid e Investigador visitante en la Escuela Superior de Estudios Internacionales de la Universidad Johns Hopkins, así como en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Ljubljana, el especialista opina que resulta inevitable que en un ciclo de análisis sobre la historia reciente de Europa Oriental se dedique un espacio a la reflexión sobre la disolución de Yugoslavia, especialmente por el impacto generado por las guerras de secesión que se desencadenaron sucesivamente.

“De hecho, las guerras, o, en concreto, algunas de sus dinámicas y acontecimientos (como el sitio de Sarajevo, la destrucción del puente de Mostar o la masacre de Srebrenica) terminaron representando la desaparición de un país que, desde una delicada posición geopolítica, había logrado desarrollar un novedoso sistema socioeconómico y se había proyectado hacia el exterior de manera notable”, señala.

Según el investigador, “las guerras de secesión yugoslavas fueron una representación de las contradicciones del Nuevo Orden Mundial norteamericano y mostraron los límites de la Europa de Maastricht, mientras ésta se encontraba en proceso de gestación. Desde un principio, las élites locales contaron con el favor de sus padrinos internacionales para llevar adelante sus proyectos, lo cual se manifestó, primero, en la ayuda para la llegada clandestina de armas a la región y, más adelante, en el apoyo diplomático a sus aspiraciones. Ello no fue óbice para que, posteriormente, protagonizaran los esfuerzos diplomáticos para conseguir la paz y patrocinaran iniciativas típicas de posguerra, como los mecanismos de justicia transicional o las ayudas a la reconstrucción”.

Como explica Villa, “tras el final de las guerras de secesión, los Estados resultantes terminaron siendo, en mayor o menor medida, una proyección de las mismas clases dominantes yugoslavas, tanto a nivel social como en las élites políticas. La debilidad de sus instituciones se compensó con proyectos políticos basados en la cohesión etno-nacional y la promesa de un futuro vinculado al proyecto europeo. De hecho, desde el final de las guerras, la UE terminó representando todo aquello contrario al retraso, el subdesarrollo social, la corrupción y la violencia, rasgos atribuidos a los Balcanes, y se encargó de la tutela de los nuevos regímenes”, concluye.

El día 14 de abril intervendrá en el programa del curso que hasta el día 15 se desarrolla en la Casa Museo León y Castillo de Telde, el doctor en Relaciones Internacionales, Javier Granados González, con la conferencia titulada ‘Ucrania, un desafío plagado de incertidumbres: su pasado, sus dirigentes y Rusia”.

 

Compartir en Facebook Compartir en Twitter

Imágenes
Foto
1990 Yugoslavia comienza a separse como república